Todos tenemos muchos roles en la vida, y eso es normal. El problema surge cuando empezamos a definirnos a través de nuestros roles: en el trabajo soy así, con los amigos de otra manera, en casa de otra distinta. Esto somete a la persona a una gran tensión, porque el yo real tiende a desaparecer bajo los roles. La consultora de gestión Maarika Lember escribe sobre cómo seguir siendo tú mismo al desempeñar distintos roles y desarrollar tu potencial.
Nuestro comportamiento en cada momento está influido por el rol en el que nos encontramos. Como madre o padre doy consejos a mis hijos, pero en la consulta del médico elijo el papel de quien escucha. Como amigo puedo usar humor negro en una conversación; como representante de ventas, mejor no. Entre el público de una conferencia, como persona de pensamiento rápido, puedo hacer siempre preguntas, pero como líder que dirige una lluvia de ideas del equipo me contengo para no bloquear el flujo de ideas. En todos estos ejemplos sigo siendo yo, aunque elijo un comportamiento distinto según el rol.
El problema surge cuando las personas van un paso más allá de elegir un comportamiento y empiezan a definirse a través de su rol: en el trabajo soy un tipo de persona, en casa otra completamente distinta. En lugar de un rol, ahora parecería que tengo varios «yoes»: un «yo» corriente y un «yo» profesional. Esto somete a la persona a una tensión muy grande, porque en cada momento tienes que estar a la altura de un «yo» distinto. Con los años, la capa de yoes que surgen de distintas situaciones se vuelve tan gruesa que ya no hay fuerzas para excavar hasta el núcleo real, y el yo real puede perderse por completo.
¿Cómo sé que me he perdido a mí mismo?
Cuando una persona ha perdido su yo real, es como si no tuviera raíces. El centro de su vida es cumplir las expectativas de los demás, no actuar según sus propias necesidades, hasta el punto de que ya ni siquiera sabe decir qué le da alegría personalmente. En los casos más graves, esto lleva al burnout.
A primera vista puede parecer un simple juego de palabras: un comportamiento basado en un rol frente a yo como líder o como padre. Pero hay una diferencia, y está en la razón por la que una persona elige un comportamiento u otro:
- o bien soy consciente de mi rol actual y de la situación, entiendo el impacto del comportamiento que elijo en ese rol y sé lo que quiero lograr,
- o bien me he creado una imagen de mí mismo y elijo mi comportamiento en función de cómo me defino.
Por ejemplo: como líder, soy formal y exigente. Pero si cambio de trabajo, me costará adaptarme si acabo en un grupo en el que se valoran las bromas amistosas y a la gente le inspiran más el reconocimiento y una palabra amable que un jefe exigente. Me he creado una imagen de mí mismo e intento comportarme en consecuencia, aunque en realidad debería guiarme por el nuevo entorno, por el impacto probable de mi comportamiento y por cómo me ayuda a lograr mis objetivos a más largo plazo.
U otro ejemplo: soy un padre que pone límites estrictos y defiende lo que es mejor para su hijo. Durante años todo funciona, pero cuando el hijo llega a la adolescencia, la rigidez del padre puede causar grandes conflictos, porque el hijo quiere decidir por sí mismo qué es lo mejor para él. Aunque lleve a resultados no deseados, para un adolescente es necesario en su desarrollo vivir las cosas por sí mismo y poner a prueba sus decisiones. Es el momento de entender que no puedo moldear mi comportamiento según el tipo de persona que me considero, sino que debo adaptarme a las nuevas circunstancias, teniendo presente mi propio objetivo a largo plazo: criar a un hijo independiente que sepa desenvolverse en la vida.
Todos los roles cambian, la vida y la situación de las personas cambian, el mundo entero cambia. Si nos definimos a través de nuestro rol, en este torbellino de cambios acabamos estresados, porque la imagen que tenemos de nosotros mismos se ve obligada a cambiar junto con el rol. Esto genera confusión, porque se ha perdido el contacto con nuestra naturaleza más profunda y actuamos solo según las expectativas que vienen de fuera. La rueda empieza a girar cada vez más rápido…
La autoconciencia crea la capacidad de adaptarse al cambio
En el mundo actual, que cambia rápida y constantemente, la flexibilidad es el rasgo que, según las investigaciones, mejor predice el éxito de los líderes. La flexibilidad puede llevar tanto a resultados excelentes como al burnout. La condición para una flexibilidad eficaz es la autoconciencia. Al observarnos y analizarnos, pedir feedback a los demás y sacar conclusiones de ello, tomamos conciencia de qué nos va bien o nos cuesta, qué nos importa y por qué, qué queremos y por qué. En resumen: aprendemos a conocernos.
Para ser más consciente de ti mismo, tienes que trabajar en ello de forma intencionada. Para no perderte en el torbellino de roles y quemarte, hazte con regularidad las siguientes preguntas.
1. ¿Qué me gusta y qué no me gusta? ¿Por qué? A menudo hay que admitir que la pregunta del porqué no es tan fácil de responder. Al mirarlo más de cerca, puedes descubrir que ha sido un hábito de pensamiento o una actitud adquirida en la infancia, más que una actitud que hayas sentido como propia. Por ejemplo, en mi primer puesto de liderazgo imitaba sobre todo a mis líderes anteriores. Con el tiempo, reflexionar sobre las razones por las que me comporto de una u otra manera me ha permitido explicar a mi equipo por qué hago algo, y ha traído un ambiente mucho más tranquilo y colaborativo.
2. ¿Por qué es importante para mí ser así? ¿Qué me aporta? ¿Qué valor crea para mí y para las personas que me rodean? Estas preguntas crean una conexión con tu naturaleza interior y te ayudan a encontrar tu fuente de motivación: lo que más te importa en la vida en este momento. Ahí es donde encuentras la inspiración para ser la mejor versión de ti mismo y desarrollar tu potencial.
Responde a estas preguntas con regularidad, por ejemplo una vez al año: empieza ahora mismo si quieres y repítelo a principios de cada año a partir de ahora. Responde siempre por escrito y guarda tus respuestas. Así, con el tiempo, podrás ver cómo se desarrolla tu yo: nunca termina.
Conocerse a uno mismo es un proceso de toda la vida. Me gusta la frase de A. Einstein: «Cuando dejas de aprender, empiezas a morir». Cada vez que crees que la imagen está clara, aparece algo que te irrita o te saca de quicio. Así que de nuevo has tomado conciencia de uno de tus límites o has recibido un motivo para reflexionar sobre tu naturaleza.
Una vez que te conoces a ti mismo y tus límites, también puedes hablar de ellos a los demás. Esto crea claridad en tu interior y mejora también tus relaciones con las personas que te rodean. En conjunto, todo ello te ayuda a sentir satisfacción interior y a lograr objetivos que de verdad te importan.
¡Importante! Fijar objetivos es una herramienta poderosa tanto en la vida privada como en la laboral. En nuestro curso online de fijación de objetivos, pensado sobre todo para líderes, podrás:
- obtener una visión de conjunto de qué hace que los objetivos funcionen,
- entender cómo se conectan los objetivos y las métricas, y
- aprender, con clases en vídeo y vídeos de ejemplo, a fijar y alcanzar objetivos eficaces.
Sobre la autora: Maarika Lember es una profesional de la gestión de personas a quien inspira el deseo de apoyar el desarrollo de las personas y las organizaciones y de ver resultados reales. Durante más de 20 años, Maarika ha trabajado tanto como consultora y coach, apoyando a equipos de distintas empresas, como responsable de RR. HH. en la empresa minorista Circle K. Hoy Maarika Lember trabaja como consultora de gestión y socia en el equipo de la consultora Sunergos.




